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miércoles, 30 de junio de 2010

Algo de la Ley Antigua sobre el Matrimonio


La fe cristiana reconoce que "no hay más que un solo Dios Padre y un solo Cristo Jesús, Señor nuestro, que ha venido por medio de toda "economía" y que ha recapitulado en sí todas las cosas. En esto de "todas las cosas" queda comprendido también el hombre, esta obra modelada por Dios, y así ha recapitulado también en sí al hombre; de invisible haciéndose visible, de inasible asible, de impasible pasible y de Verbo hombre" (III, 16, 6: Già e non ancora, CCCXX, Milán 1979, p. 268). «Palabras de san Ireneo, un gran Doctor de la Iglesia del siglo II, el cual, en algunas páginas magistrales de su tratado Contra las herejías, había desarrollado una reflexión articulada precisamente acerca de la recapitulación realizada por Cristo».

En el proceso de transformación de la vida familiar mediante la gracia y la luz del Evangelio, el concepto de paternidad responsable requiere particular atención (cf. Familiaris consortio, 28 ss). Ser padre significa participar en la obra de Dios como autor de la vida. El ámbito propio para traer una nueva vida humana al mundo es la unión permanente y exclusiva que establecen los esposos mediante su don recíproco total y duradero. La insistencia de la Iglesia en el matrimonio monogámico no es la imposición de un ideal extraño, que desplaza las tradiciones locales. Por el contrario, por fidelidad a su Señor, la Iglesia proclama que «Cristo renueva el designio primitivo que el Creador ha inscrito en el corazón del hombre y de la mujer (...). Los cónyuges cristianos están llamados a participar realmente en la indisolubilidad irrevocable que une a Cristo con la Iglesia, su esposa, amada por él hasta el fin» (ib., 20). El mismo documento pide a cada obispo que «procure particularmente que la propia diócesis sea cada vez más una verdadera "familia diocesana", modelo y fuente de esperanza para tantas familias que a ella pertenecen» (ib., 73).

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"Familia, cree en lo que eres; cree en tu vocación a ser signo luminoso del amor de Dios"



...de la historia mujeril...



«Algunas personas sensatas amonestan que no debemos exagerar. La vida es en verdad más amplia, más rica, tiene más matices. Durante el transcurso de la historia, a las mujeres no sólo se les maltrató, sino también se les honró, no sólo las despreciaron, sino también las amaron. A la inversa, también hubo casos de varones ofendidos por mujeres, y no pocas veces, éstas se valieron para ello de cualquier fingimiento, chantaje y tormento oculto.


Yo, francamente, no creo que sea posible leer toda nuestra historia cultural como una novela policíaca en la que exclusivamente las pobres mujeres son las oprimidas, humilladas, ridiculizadas y maltratadas por los varones malos, consiguiendo, finalmente, liberarse de ellos. Gran parte de las tensiones entre varones y mujeres son indudablemente de carácter bilateral y personal. Pero, aparte de esto, no podemos negar una clara infravaloración del sexo femenino que se ha plasmado mundialmente en innumerables convenciones y normas sociales. Pienso que ha habido evoluciones enormemente equivocadas precisamente en los últimos trescientos años». Doctora catedrática doña Jutta Burggraf-Arvo Net 2004-II-10

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«La anticoncepción es copular sin permitir dar vida a un nuevo niño; la fecundación in vitro es permitir dar vida un niño sin copular; el aborto es simplemente deshacer del niño, matándole; y la pornografía es totalmente deshacer el amor, copulando como animales».

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* Mahoma el mujeriego. Él tenía entre nueve y 11 esposas, de las cuales algunas eran concubinas. María la copta, quien fue más justa que los beduinos, fue con una delegación enviada por el Rey de Egipto. Ella tuvo el privilegio de estar con [el Profeta] 27 días y 27 noches en su harén. ¿Piensa usted que esto fue por causa de la procreación? No, fue por placer. Muhammad, profeta o no pero muy apasionado por las mujeres, él mismo dijo que: «… lo que a él le gustaba más de este mundo eran "las mujeres, el perfume, y la oración". Él no habló sobre procreación!...».- Lo dice el Corán: en la sura 4 se explica que hay que golpear a las mujeres tan sólo por la sospecha de que no se comporten bien. Las instrucciones sobre cómo hacerlo son un desarrollo posterior.

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P: ¿Hay indicios de que la Biblia pueda estar mutilada en cuanto a testimonios contrarios a ciertas posiciones inamovibles de la Iglesia Católica en la actualidad?

R: No, el Antiguo Testamento ha sido conservado también por los judíos y en cuanto al Nuevo Testamento, es el texto de la Antigüedad que cuenta con más copias y más antiguas superando de manera escandalosa verdaderamente a las obras de Platón, Aristóteles, Virgilio o César. 20.01.2006. Dr. César VIDAL. LD.ESP.

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--En su último libro «Dios y el mundo»*, usted sostiene que cristianos y musulmanes tienen un modo diverso de afrontar el destino del hombre decidido por Dios. ¿Por qué?


--Cardenal Ratzinger*: Sí, sobre el destino divino hay una divergencia real, o digamos una diferencia, entre el Islam y el cristianismo. Para los musulmanes, el destino está predeterminado por Dios y el hombre vive en una especie de red que limita en gran manera sus movimientos. La fe cristiana, por el contrario, cuenta con el factor de la libertad. Esto significa que, para el cristiano, Dios, por una parte abraza todo, sabe todo, guía el curso de la historia, pero ha predispuesto las cosas de tal modo que la libertad encuentra su lugar. En síntesis, para mí, cristiano, Dios tiene la historia en sus manos, pero me da la libertad de entregarme completamente a su amor o de rechazarlo.

*DIOS Y EL MUNDO: UNA CONVERSACION CON PETER SEEWALD: LAS OPINIONES DE BENEDICTO XVI SOBRE LOS GRANDES TEMAS DE HOY de RATZINGER, JOSEPH – Edición 2005.

*Al siglo: Joseph Cardenal Ratzinguer, S.S. Benedicto P.P. XVI. 2005

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El pecado de adulterio



1. Cristo dice en el sermón de la montaña: "No penséis que he venido a abrogar la ley o los Profetas: no he venido a abrogarla, sino a darle cumplimiento" (Mt 5, 17). Para esclarecer en qué consiste este cumplimiento recorre después cada uno de los mandamientos, refiriéndose también al que dice "No adulterarás". Nuestra meditación anterior trataba de hacer ver cómo el contenido adecuado de este mandamiento, querido por Dios, había sido oscurecido por numerosos compromisos en la legislación particular de Israel. Los Profetas, que en su enseñanza denuncian frecuentemente el abandono del verdadero Dios Yahvé por parte del pueblo, al compararlo con el "adulterio" ponen de relieve, de la manera más auténtica, este contenido.



Oseas, no sólo con las palabras, sino (por lo que parece) también con la conducta, se preocupa de revelarnos [1] que la traición del pueblo es parecida ala traición conyugal; aún más, el adulterio practicado como prostitución: "Ve y toma por mujer a una prostituta y engendra hijos de prostitución, pues que se prostituye la tierra, apartándose de Yahvé" (Os 1, 2). El Profeta oye esta orden y la acepta como proveniente de Dios-Yahvé: "Díjome Yahvé: Ve otra vez y ama a una mujer amante de otro y adúltera" (Os 3, 1). Efectivamente, aunque Israel sea tan infiel en su relación con su Dios como la esposa que "se iba con sus amantes y me olvidaba a mí" (Os 2, 15), sin embargo, Yahvé no cesa de buscar a su esposa, no se cansa de esperar su conversión y su retorno, confirmando esta actitud con las palabras y las acciones del Profeta: "Entonces, dice Yahvé, me llamará ´mi marido´, no me llamará baali. Seré tu esposo para siempre, y te desposaré conmigo en justicia, en juicio, en misericordia y piedades, y yo seré tu esposo en fidelidad y tú reconocerás a Yahvé" (Os 2, 18, 21-22). Esta ardiente llamada a la conversión de la infiel esposa-cónyuge va unida a la siguiente amenaza: "Que aleje de su rostro sus fornicaciones y de entre sus pechos sus prostituciones, no sea que yo la despoje y, desnuda, la ponga como el día en que nació" (Os 2, 45).

2. Esta imagen de la humillante desnudez del nacimiento, se la recordó el Profeta Ezequiel a Israel-esposa infiel, y en proporción más amplia [2]: ...con horror fuiste tirada al campo el día que naciste. Pasé yo cerca de ti y te vi sucia en tu sangre, y, estando tú en tu sangre, te dije: ¡Vive! Te hice crecer a decenas de millares, como la hierba del campo. Creciste y te hiciste grande, y llegaste a la flor de la juventud; te crecieron los pechos y te salió el pelo; pero estabas desnuda y llena de vergüenza. Pasé yo junto a ti y te miré. Era tu tiempo el tiempo del amor, y tendí sobre ti mi mano, cubrí tu desnudez, me ligué a ti con juramento e hice alianza contigo, dice el Señor, Yahvé, y fuiste mía... Puse arillo en tus narices, zarcillos en tus orejas y espléndida diadema en tu cabeza. Estabas adornada de oro y plata, vestida de lino y seda en recamado... Extendióse entre las gentes la fama de tu hermosura, porque era acabada la hermosura que yo puse en ti. Pero te envaneciste de tu hermosura y de tu nombradía, y te diste al vicio, ofreciendo tu desnudez a cuantos pasaban, entregándote a ellos... ¿cómo sanar tu corazón, dice el Señor, Yahvé, cuando has hecho todo esto, como desvergonzada ramera dueña de sí, haciéndote prostíbulos en todas las encrucijadas y lupanares en todas las plazas? Y ni siquiera eres comparable a las rameras, que reciben el precio de su prostitución. Tú eres la adúltera que en vez de su marido acoge a los extraños" Ez 16, 5-8. 12-15. 30-32.



3. La cita resulta un poco larga, pero el texto, sin embargo, es tan relevante que era necesario evocarlo. La analogía entre el adulterio y la idolatría está expresada de modo particularmente fuerte y exhaustivo. El momento similar entre los dos miembros de la analogía consiste en la alianza acompañada del amor. Dios-Yahvé realiza por amor la alianza con Israel —sin mérito suyo—, se convierte para él como el esposo y cónyuge más afectuoso, más diligente y más generoso para con la propia esposa. Por este amor, que desde los albores de la historia acompaña al pueblo elegido, Yahvé-Esposo recibe en cambio numerosas traiciones: "las alturas", he aquí los lugares del culto idolátrico, en los que se comete el "adulterio" de Israel-esposa. En el análisis que aquí estamos desarrollando, lo esencial es el concepto de adulterio, del que se sirve Ezequiel. Sin embargo se puede decir que el conjunto de la situación, en la que se inserta este concepto (en el ámbito de la analogía), no es típico. Aquí se trata no tanto de la elección mutua hecha por los esposos, que nace del amor recíproco, sino de la elección de la esposa (y esto ya desde el momento de su nacimiento), una elección que proviene del amor del esposo, amor que, por parte del esposo mismo, es un acto de pura misericordia. En este sentido se delinea esta elección: corresponde a esa parte de la analogía que califica la alianza de Yahvé con Israel; en cambio, corresponde menos a la segunda parte de la analogía, que califica la naturaleza del matrimonio. Ciertamente, la mentalidad de aquel tiempo no era muy sensible a esta realidad —según los israelitas el matrimonio era más bien el resultado de una elección unilateral, hecha frecuentemente por los padres—, sin embargo, esta situación difícilmente cabe en el ámbito de nuestras concepciones.

4. Prescindiendo de este detalle, es imposible no darse cuenta de que en los textos de los Profetas se pone de relieve un significado del adulterio diverso del que da del mismo la tradición legislativa. El adulterio es pecado porque constituye la ruptura de la alianza personal del hombre y de la mujer. En los textos legislativos se pone de relieve la violación del derecho de propiedad y, en primer lugar, del derecho de propiedad del hombre en relación con esa mujer, que es su mujer legal: una de tantas. En los textos de los Profetas, el fondo de la efectiva y legalizada poligamia no altera el significado ético del adulterio. En muchos textos la monogamia aparece la única y justa analogía del monoteísmo entendido en las categorías de la Alianza, es decir, de la fidelidad y de la entrega al único y verdadero Dios-Yahvé: Esposo de Israel. El adulterio es la antítesis de esa relación esponsalicia, es la antinomia del matrimonio (también como institución) en cuanto que el matrimonio monogámico actualiza en sí la alianza interpersonal del hombre y de la mujer, realiza la alianza nacida del amor y acogida por las dos partes respectivas precisamente como matrimonio (y, como tal, reconocido por la sociedad). Este género de alianza entre dos personas constituye el fundamento de esa unión por la que "el hombre. se unirá a su mujer y vendrán a ser los dos una sola carne" (Gen 2, 24). En el contexto antes citado se puede decir que esta unidad corpórea es su derecho (bilateral), pero que sobre todo es el signo normal de la comunión de las personas, unidad constituida entre el hombre y la mujer en calidad de cónyuges. El adulterio cometido por parte de cada uno de ellos no sólo es la violación de este derecho, que es exclusivo del otro cónyuge, sino al mismo tiempo es una radical falsificación del signo. Parece que en los oráculos de los Profetas precisamente este aspecto del adulterio encuentra expresión suficientemente clara.

5. Al constatar que el adulterio es una falsificación de ese signo, que encuentra no tanto su "normatividad", sino más bien su simple verdad interior en el matrimonio —es decir, en la convivencia del hombre y de la mujer, que se han convertido en cónyuges—, entonces, en cierto sentido, nos referimos de nuevo a las afirmaciones fundamentales, hechas anteriormente, considerándolas esenciales e importantes para la teología del cuerpo, desde el punto de vista tanto antropológico como ético. El adulterio es "pecado del cuerpo". Lo atestigua toda la tradición del Antiguo Testamento y lo confirma Cristo. El análisis comparado de sus palabras, pronunciadas en el sermón de la montaña (Mt 5, 27-28), como también de las diversas, correspondientes enunciaciones contenidas en los Evangelios y en otros pasajes del Nuevo Testamento, nos permite establecer la razón propia del carácter pecaminoso del adulterio. Y es obvio que determinemos esta razón del carácter pecaminoso, o sea del mal moral, fundándonos en el principio de la contraposición en relación con ese bien moral que es la fidelidad conyugal, ese bien que puede ser realizado adecuadamente sólo en la relación exclusiva de ambas partes (esto es, en la relación conyugal de un hombre con una mujer). La exigencia de esta relación es propia del amor esponsalicio, cuya estructura interpersonal (como ya hemos puesto de relieve) está regida por la normativa interior de la "comunidad de personas". Ella es precisamente la que confiere el significado esencial a la Alianza (tanto en la relación hombre-mujer como también, por analogía, en la relación Yahvé-Israel). Del adulterio, de su carácter pecaminoso del mal moral que contiene, se puede juzgar de acuerdo con el principio de la contraposición con el pacto conyugal así entendido.

6. Es necesario tener presente todo esto cuando decimos que el adulterio es un "pecado del cuerpo"; el "cuerpo" se considera aquí unido conceptualmente a las palabras del Génesis 2, 24, que hablan, en efecto, del hombre y de la mujer, que, como esposo y esposa, se unen tan estrechamente entre sí que forman "una sola carne". El adulterio indica el acto mediante el cual un hombre y una mujer, que no son esposo y esposa, forman "una sola carne" (es decir, esos que no son marido y mujer en el sentido de la monogamia como fue establecida en el origen, más aún, en el sentido de la casuística legal del Antiguo Testamento). El "pecado" del cuerpo puede ser identificado solamente respecto a la relación de las personas. Se puede hablar de bien o de mal moral según que esta relación haga verdadera esta "unidad del cuerpo" y le confiera o no el carácter de signo verídico. En este caso, podemos juzgar, pues, el adulterio como pecado, conforme al contenido objetivo del acto.

Y éste es el contenido en el que piensa Cristo cuando, en el discurso de la montaña, recuerda: "Habéis oído que fue dicho: No adulterarás". Pero Cristo no se detiene en esta perspectiva del problema. 27.VIII.1980


Notas

[1] Cf. Os, 1-3.

[2] Cf. Ez 16, 5-8. 12-15. 30-32.

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El mandamiento: no cometer adulterio

1. Cuando Cristo, en el sermón de la montaña, dice: "Habéis oído que fue dicho: no adulterarás" (Mt 5, 27), hace referencia a lo que cada uno de los que le escuchaban sabía perfectamente y se sentía obligado a ello en virtud del mandamiento de Dios-Jahvé. Sin embargo, la historia del Antiguo Testamento hace ver que tanto la vida del pueblo, unido a Dios-Jahvé por una especial alianza, como la vida de cada uno de los hombres, se aparta frecuentemente de ese mandamiento. Lo demuestra también una mera ojeada dada a la legislación, de la que existe una rica documentación en los Libros del Antiguo Testamento.

Las prescripciones de la ley vétero-testamentaria eran muy severas. Eran también muy minuciosas y penetraban en los más mínimos detalles concretos de la vida [1]. Se puede suponer que cuanto más evidente se hacía en esta ley la legalización de la poligamia efectiva, tanto más aumentaba la exigencia de sostener sus dimensiones jurídicas y establecer sus límites legales. De ahí, el gran número de prescripciones y también la severidad de las penas previstas por el legislador para la infracción de tales normas. Sobre la base de los análisis que hemos hecho anteriormente acerca de la referencia que Cristo hace al "principio", en su discurso sobre la disolubilidad del matrimonio y sobre el "acto de repudio", es evidente que El veía con claridad la fundamental contradicción que el derecho matrimonial del Antiguo Testamento escondía en sí, al aceptar la efectiva poligamia, es decir, la institución de las concubinas junto a las esposas legales, o también el derecho a la convivencia con la esclava [2]. Se puede decir que tal derecho, mientras combatía el pecado, al mismo tiempo contenía en sí e incluso protegía las "estructuras sociales del pecado", lo que constituía su legalización. En tales circunstancias, se imponía la necesidad de que el sentido ético esencial del mandamiento "no cometer adulterio" tuviese también una revalorización fundamental. En el sermón de la montaña, Cristo desvela nuevamente ese sentido, superando sus restricciones tradicionales y legales.

2. Quizá merezca la pena añadir que en la interpretación vétero-testamentaria, cuanto más la prohibición del adulterio está marcada —pudiéramos decir— por el compromiso de la concupiscencia del cuerpo, tanto más claramente se determina la posición respecto a las desviaciones sexuales. Esto lo confirman las prescripciones correspondientes, las cuales establecen la pena capital para la homosexualidad y la bestialidad. En cuanto a la conducta de Onán, hijo de Judá, (de quien toma origen la denominación moderna de "onanismo") la Sagrada Escritura dice que "... no fue del agrado del Señor, el cual hizo morir también a él" (Gén 38, 10).

El derecho matrimonial del Antiguo Testamento, en su más amplio conjunto, pone en primer plano la finalidad procreativa del matrimonio y en algunos trata de demostrar un tratamiento jurídico de igualdad entre la mujer y el hombre; por ejemplo, respecto a la pena por el adulterio se dice explícitamente: "Si adultera un hombre con la mujer de su prójimo, hombre y mujer adúlteros serán castigados con la muerte" (Lev 20, 10); pero en conjunto prejuzga a la mujer tratándola con mayor severidad.

3. Convendría quizá poner de relieve el lenguaje de esta legislación, el cual, como en ese caso, es un lenguaje que refleja objetivamente la sexología de aquel tiempo. Es también un lenguaje importante para el conjunto de las reflexiones sobre la teología del cuerpo. Encontramos en él la específica confirmación del carácter de pudor que rodea cuanto, en el hombre, pertenece al sexo. Más aún, lo que es sexual se considera, en cierto modo, como "impuro", especialmente cuando se trata de las manifestaciones fisiológicas de la sexualidad humana. El "descubrir la desnudez" (cf. por ej. Lev 20, 11; 17, 21), es estigmatizado como el equivalente de un ilícito acto sexual llevado a cabo; ya la misma expresión parece aquí bastante elocuente. Es indudable que el legislador ha tratado de servirse de la terminología correspondiente a la conciencia y a las costumbres de la sociedad de aquel tiempo. Por tanto, el lenguaje de la legislación del Antiguo Testamento debe confirmarnos en la convicción de que no solamente son conocidas al legislador y a la sociedad la fisiología del sexo y las manifestaciones somáticas de la vida sexual, sino también que son valoradas de un modo determinado. Es difícil sustraerse a la impresión de que tal valoración tenía carácter negativo. Esto no anula, ciertamente, las verdades que conocemos por el Libro del Génesis, ni se puede inculpar al Antiguo Testamento —y entre otros a los libros legislativos— de ser como los precursores de un maniqueísmo. El juicio expresado en ellos respecto al cuerpo y al sexo no es tan "negativo" ni siquiera tan severo, sino que está más bien caracterizado por una objetividad motivada por el intento de poner orden en esa esfera de la vida humana. No se trata directamente del orden del "corazón", sino del orden de toda la vida social, en cuya base están, desde siempre, el matrimonio y la familia.

4. Si se toma en consideración la problemática "sexual" en su conjunto, conviene quizá prestar brevemente atención a otro aspecto; es decir, al nexo existente entre la moralidad, la ley y la medicina, que aparece evidente en los respectivos Libros del Antiguo Testamento. Los cuales contienen no pocas prescripciones prácticas referentes al ámbito de la higiene, o también al de la medicina, marcado más por la experiencia que por la ciencia, según el nivel alcanzado entonces [3]. Por lo demás, el enlace experiencia-ciencia es notoriamente todavía actual. En esta amplia esfera de problemas, la medicina acompaña siempre de cerca a la ética; y la ética, como también la teología, busca su colaboración.

5. Cuando Cristo, en el sermón de la montaña, pronuncia las palabras: "Habéis oído que fue dicho: No adulterarás, e inmediatamente añade: Pero yo os digo...", está claro que quiere reconstruir en la conciencia de sus oyentes el significado ético propio de este mandamiento, apartándose de la interpretación de los "doctores", expertos oficiales de la ley. Pero, además de la interpretación procedente de la tradición, el Antiguo Testamento nos ofrece todavía otra tradición para comprender el mandamiento "no cometer adulterio". Y es la tradición de los Profetas. Estos, refiriéndose al "adulterio", querían recordar "a Israel y a Judá" que su pecado más grande era el abandono del único y verdadero Dios en favor del culto a los diversos ídolos, que el pueblo elegido, en contacto con los otros pueblos, había hecho propios fácilmente y de modo exagerado. Así, pues, es característica propia del lenguaje de los Profetas más bien la analogía con el adulterio que el adulterio mismo; sin embargo, tal analogía sirve para comprender también el mandamiento "no cometer adulterio" y la correspondiente interpretación, cuya carencia se advierte en los documentos legislativos. En los oráculos de los Profetas, y especialmente de Isaías, Oseas y Ezequiel, el Dios de la Alianza-Jahvé es representado frecuentemente como Esposo, y el amor con que se ha unido a Israel puede y debe identificarse con el amor esponsal de los cónyuges. Y he aquí que Israel, a causa de su idolatría y del abandono del Dios-Esposo, comete para con El una traición que se puede parangonar con la de la mujer respecto al marido: comete, precisamente, "adulterio".

6. Los Profetas con palabras elocuentes y, muchas voces, mediante imágenes y comparaciones extraordinariamente plásticas, presentan lo mismo el amor de Jahvé-Esposo, que la traición de Israel-Esposa que se abandona al adulterio. Es éste un tema que deberemos volver a tocar en nuestras reflexiones, cuando sometamos a análisis, concretamente, el problema del "sacramento"; pero ya ahora conviene aludir a él, en cuanto que es necesario para entender las palabras de Cristo, según Mt 5, 27-28, y comprender esa renovación del ethos, que implican estas palabras: "Pero yo os digo...". Si, por una parte, Isaías [4] se presenta en sus textos tratando de poner de relieve sobre todo el amor de Jahvé-Esposo, que, en cualquier circunstancia, va al encuentro de su Esposa superando todas sus infidelidades, por otra parte Oseas y Ezequiel abundan en parangones que esclarecen sobre todo la fealdad y el mal moral del adulterio cometido por la Esposa-Israel.

En la sucesiva meditación trataremos de penetrar todavía más profundamente en los textos de los Profetas, para aclarar ulteriormente el contenido que, en la conciencia de los oyentes del sermón de la montaña correspondía al mandamiento "no cometer adulterio".
20.VIII.1980

Notas

[1] Cf. por ej. Dt 21, 10-13; Núm 30, 7-16; Dt 24, 1-4; Dt 22, 13-21; Lev 20, 10-21 y otros.

[2] Aunque el Libro del Génesis presenta el matrimonio monogámico de Adán, de Set y de Noé como modelos que imitar y parece condenar la bigamia que se manifiesta solamente en los descendientes de Caín (cf. Gén 4, 19), por otra parte la vida de los Patriarcas proporciona ejemplos contrarios. Abraham observa las prescripciones de la ley de Hammurabi, que consentía desposar una segunda mujer en caso de esterilidad de la primera; y Jacob tenia dos mujeres y dos concubinas (cf. Gén 30, 1-19).

El Libro del Deuteronomio admite la existencia legal de la bigamia (cf. Dt 21, 15-17) e incluso de la poligamia, advirtiendo al rey que no tenga muchas mujeres (cf. Dt 17, 17); confirma también la institución de las concubinas-prisioneras de guerra (cf. Dt 21, 10-14) o esclavas (cf. Esd 21, 7-11). (Cf. R. de Vaux, Ancient Israel. Its Life and Institutions, London 1976, Darton, Longman, Todd; págs. 24-25, 83). No hay en el Antiguo Testamento mención explícita alguna sobre la obligación de la monogamia, si bien la imagen presentada por los Libros posteriores demuestra que prevalecía en la practica social (ef. por ej. los Libros Sapienciales, excepto Sir 37, 11; Tb).

[3] Cf. por ej. Lev 12, 1-6; 15, 1-28; Dt 21, 12-13.

[4] Cf. por ej. Is 54; 62, 1-5.

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Cuando la acción política tiene que ver con principios morales que no admiten derogaciones, excepciones o compromiso alguno, es cuando el empeño de los católicos se hace más evidente y cargado de responsabilidad. Ante estas exigencias éticas fundamentales e irrenunciables, en efecto, los creyentes deben saber que está en juego la esencia del orden moral, que concierne al bien integral de la persona. Este es el caso de las leyes civiles en materia de aborto y eutanasia (que no hay que confundir con la renuncia al ensañamiento terapéutico, que es moralmente legítima), que deben tutelar el derecho primario a la vida desde de su concepción hasta su término natural. Del mismo modo, hay que insistir en el deber de respetar y proteger los derechos del embrión humano. Análogamente, debe ser salvaguardada la tutela y la promoción de la familia, fundada en el matrimonio monogámico entre personas de sexo opuesto y protegida en su unidad y estabilidad, frente a las leyes modernas sobre el divorcio. A la familia no pueden ser jurídicamente equiparadas otras formas de convivencia, ni éstas pueden recibir, en cuánto tales, reconocimiento legal. Así también, la libertad de los padres en la educación de sus hijos es un derecho inalienable, reconocido además en las Declaraciones internacionales de los derechos humanos. Del mismo modo, se debe pensar en la tutela social de los menores y en la liberación de las víctimas de las modernas formas de esclavitud (piénsese, por ejemplo, en la droga y la explotación de la prostitución). No puede quedar fuera de este elenco el derecho a la libertad religiosa y el desarrollo de una economía que esté al servicio de la persona y del bien común, en el respeto de la justicia social, del principio de solidaridad humana y de subsidiariedad, según el cual deben ser reconocidos, respetados y promovidos «los derechos de las personas, de las familias y de las asociaciones, así como su ejercicio».[21] Finalmente, cómo no contemplar entre los citados ejemplos el gran tema de la paz. Una visión irenista e ideológica tiende a veces a secularizar el valor de la paz mientras, en otros casos, se cede a un juicio ético sumario, olvidando la complejidad de las razones en cuestión. La paz es siempre «obra de la justicia y efecto de la caridad»;[22] exige el rechazo radical y absoluto de la violencia y el terrorismo, y requiere un compromiso constante y vigilante por parte de los que tienen la responsabilidad política.

[21]CONCILIO VATICANO II, Constitución Pastoral Gaudium et spes, n 75.

[22]Catecismo de la Iglesia Católica, n. 2304

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Defender la soberanía de la familia

71. Hoy día, la familia precisa de una protección especial por parte de los poderes públicos. A veces oprimida por el Estado, la familia se encuentra actualmente expuesta también a los ataques provenientes de grupos privados, de organismos no gubernamentales, de entidades transnacionales y también de organizaciones internacionales públicas. Corresponde a los Estados la responsabilidad de defender la soberanía de la familia, pues ésta constituye el núcleo fundamental del tejido social.

72. Además, defender la soberanía de la familia contribuye a salvaguardar la soberanía de las naciones. Hoy día, en nombre de las ideologías de inspiración malthusiana, hedonista y utilitarista, la familia es víctima de agresiones que la cuestionan hasta en su existencia. Los medios de comunicación, al propalar la separación total de los significados unitivo y procreativo de la unión conyugal,63 banalizan las experiencias sexuales múltiples pre- y para-matrimoniales, debilitando la institución familiar. En varios países, la edad media del matrimonio ha aumentado de manera significativa, como ha aumentado también la edad en que las mujeres tienen su primer hijo. La proporción de matrimonios que se divorcian ha llegado a ser alarmante.64 Las familias rotas y « recompuestas », a causa de las cuales los niños sufren tanto, engendran pobreza y marginación. Existe el contraste entre el papel primordial y decisivo que se reconoce a la familia (bien significativo en numerosas encuestas) y el descuido y hostilidad a que la institución familiar es sometida y la erosión que la familia sufre en algunas regiones y naciones.

73. Lo peor de todo es que bajo el impulso de organismos públicos internacionales se preconizan supuestos «modelos nuevos» de familia, que incluyen los hogares monoparentales y hasta las uniones homosexuales. Algunas agencias internacionales, apoyadas por poderosos lobbies, quieren imponer a naciones soberanas «nuevos derechos» humanos, como los «derechos reproductivos», que abarcan el acceso al aborto, a la esterilización, al divorcio fácil, un «estilo de vida» de la juventud que propicia la banalización del sexo, el debilitamiento de la justa autoridad de los padres en la educación de los hijos.65

74. Mientras se exalta de esta manera un individualismo liberal exacerbado, aliado a una ética subjetivista que incentiva la búsqueda desenfrenada del placer, la familia sufre también con el resurgir de nuevas expresiones de un socialismo de inspiración marxista. Una tendencia aparecida en la Conferencia de Pekín (1995), pretende introducir en la cultura de los pueblos la «ideología del género» —«gender»—. Esta ideología afirma, entre otras cosas, que la mayor forma de opresión es la opresión de la mujer por el hombre y que esta opresión se encuentra institucionalizada en la familia monogámica.66 Los ideólogos concluyen entonces que, para acabar con tal opresión, conviene acabar con la familia, fundada en el matrimonio monogámico. El matrimonio y la familia, enraizados en la unión heterosexual, serían productos de una cultura que aparecieron en un momento puntual de la historia, pero que deben desaparecer para que la mujer pueda liberarse y ocupar el lugar que le corresponde en la sociedad de producción.

75. Somos conscientes de que ya muchas veces el Santo Padre, y siguiendo sus huellas el Pontificio Consejo para la Familia, se ha pronunciado sobre estas ideologías que no son sólo anti-vida y anti-familia, sino que son también destructoras de las naciones. En el umbral del tercer milenio, la pastoral de la vida, recibida y comunicada generosamente en la familia, se destaca como una exigencia prioritaria de la celebración jubilar. Es «necesario que la preparación del Gran Jubileo pase, en cierto modo, a través de cada familia. Acaso no fue por medio de una familia, la de Nazaret, que el Hijo de Dios quiso entrar en la historia del hombre?». 2000.

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Entre varón y mujer

Creo que la forma plena y saturada de la ilusión es la que se da entre el varón y la mujer en cuanto tales, quiero decir cuando se pone en juego su condición sexuada, y se proyectan el uno hacia el otro, en cualquier vector, desde su instalación respectiva. Cuando el hombre vive a la mujer como tal (y análogamente a la inversa), el temple de esa relación es estrictamente lo que venimos llamando ilusión.

En el capítulo XVII de la Antropología metafísica estudié la «condición sexuada», y a él remito para la plena intelección de lo que voy a decir. Me limitaré a recordar los puntos indispensables para ver cómo la ilusión se realiza de manera eminente sobre este supuesto. «La disyunción entre varón o mujer afecta al varón y a la mujer, estableciendo entre ellos una relación de polaridad. Cada sexo co-implica al otro, lo cual se refleja en el hecho biográfico de que cada sexo ´complica´ al otro. Diremos entonces que la condición sexuada no es una ´cualidad´ o un ´atributo´ que tenga cada hombre, ni consiste en los términos de la disyunción, sino en la disyunción misma, vista alternativamente desde cada uno de sus términos. » Y más adelante: «Primariamente me proyecto desde mi sexo hacia el otro. La condición sexuada, lejos de ser una división o separación en dos mitades, que escindiese media humanidad de la otra media, refiere la una a la otra, hace que la vida consista en habérselas cada fracción de la humanidad con la otra. » «La condición sexuada introduce algo así como un ´campo magnético´ en la convivencia (no es casual que, desde el descubrimiento de los fenómenos magnéticos, se haya recurrido con frecuencia a la metáfora del magnetismo para sugerir la atracción o fascinación del sexo); la vida humana en plural no es ya ´coexistencia´ inerte, sino convivencia dinámica, con una configuración activa; es intrínsecamente, por su propia condición, proyecto, empresa, ya por el hecho de estar cada sexo orientado hacia el otro. »

Ese «magnetismo» tiene un carácter general, aunque proyectivo: es la orientación o referencia de un sexo hacia el otro, el que hace posible en cada uno la realización de la condición sexuada; pero no es todavía la ilusión. Esta tiene algunos requisitos, el fundamental la personalización del proyecto y de su término. La atracción puede sentirse manera genérica; no es forzoso que incluya el elemento esencial de anticipación o futurición; éste puede darse, pero* consiste en anticipación de la individualización personal de esa atracción; podríamos decir que es anticipación de la ilusión, que se ha experimentado otras veces, con la cual se cuenta, que se anuncia tal vez antes de existir. La ilusión es ilusión por alguien, en este caso, por una mujer determinada. Suele nacer a lo largo de las etapas de un descubrimiento, en la medida en que el término de la ilusión se va mostrando como alguien único, irreductible, inconfundible, insustituible; es decir, cuando se constituye en su estricta personalidad. Por eso la ilusión admite grados, y se intensifica o decae, hasta su posible anulación (el riesgo de la desilusión). La razón de esto es que la persona es siempre algo arcano, secreto, en principio inaccesible, en su último núcleo incomunicable. El interés que el hombre siente por la mujer (inclúyase siempre la situación inversa, que omito para no reiterar las precisiones) hace que se sienta impulsado a la exploración, por supuesto imaginativa, de su persona oculta, latente tras la corporeidad, y en especial el rostro, en que esa interioridad o intimidad se denuncia o manifiesta. Esa exploración requiere ser ya ilusionada para ser eficaz; sólo mediante la ilusión se puede penetrar en esa realidad que está «detrás» del rostro visible. Dicho en otros términos, la anticipación de la persona, la expectativa de su manifestación, es ya un primer grado de ilusión. Todo ello es, naturalmente, activo: es una empresa, un proyecto personal, algo en que el sujeto está envuelto e implicado.

A medida que se avanza, se va descubriendo esa persona oculta, y a la ilusión del proyecto se suma la ilusión por lo descubierto, por la persona que se patentiza y manifiesta, a la cual se llega. Este es el momento en que se inserta la posibilidad de error, que acecha a todas las empresas humanas; es posible la ilusión en el viejo, tradicional sentido etimológico de engaño: si lo que se descubre no suscita ilusión, el proceso se interrumpe y sobreviene la desilusión.

Si esto no es así, la ilusión se va incrementando, intensificando, adquiriendo nuevos grados de realidad. Como no se trata de nada instantáneo ni momentáneo, como vimos antes, sino que supone duración, el comienzo de una trayectoria más o menos larga, esta ilusión naciente, creciente, se va asociando con el torso del proyecto vital del que la experimenta, se entrelaza con él, adquiere un carácter estrictamente biográfico. Es imposible entender una vida humana si no se conocen sus ilusiones, al menos las más vivaces.

En ellas se realiza, quizá más que en otra cosa, la condición propia, aquello en que cada uno más propiamente consiste. Y no se olvide que ese proceso de descubrimiento a que me he referido, el de la persona que es objeto de ilusión, me envuelve a mí: me voy descubriendo a mí mismo en la medida en que despliego esa interioridad en que yo también consisto, y que yo también tengo que explorar. Neque ego ipse capio totum quod sum, ni yo mismo comprendo todo lo que soy, decía San Agustín. Y lo mismo puede decirse de la persona que suscita la ilusión, la cual se descubre progresivamente, «iluminada» por ella, siempre que esa ilusión sea conocida y compartida por la persona ilusionante. El descubrimiento personal es, por tanto, triple: de la persona por quien se siente ilusión, por parte del que la siente; del sujeto de ella, que se va aclarando y desplegando al hilo de su proyecto ilusionado; finalmente, de la persona ilusionante, a sus propios ojos, a la luz de la ilusión que despierta, en la medida en que la conoce o la adivina.

Hay que advertir que la desilusión no significa forzosamente engaño o error, «ilusión» en sentido negativo. Como se trata de realidades humanas, y estas son cambiantes, arguméntales, dramáticas, es posible que lo que desilusiona no sea estrictamente la persona que ilusionó, sino su cambio, la nueva trayectoria en que acaso ha entrado, posiblemente una pérdida de autenticidad. También cabe la desilusión del sujeto por cansancio o abandono, por versatilidad, finalmente por su propia inautenticidad. Drama es algo que le pasa a alguien, y no puede perderse de vista la condición dramática de la ilusión y de las vidas de las personas implicadas en ella.

Pero no basta con hablar de varón y mujer. Hay una relación originada en su disyunción polar, que se actualiza cuando esa condición funciona con intensidad suficiente, y entonces suscita la ilusión; pero dentro de esa relación caben muy diversos vectores, distintas maneras de proyección, y de ellas dependen los contenidos y las formas de la ilusión.

Julián MARÍAS – filósofo.

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No nos pasemos: no es lo mismo sexo duro

y porno que afectividad

Como el pensamiento libre no debe estar presidido y mucho menos coaccionado por el «consenso de una minoría», ni por «silencio de los corderos de una mayoría» que no opina para evitar determinadas complicaciones, quizá sea oportuno recordar algunas verdades que pueden estar desfiguradas, o invitar a la confusión o desvirtuar la esencia de la verdad de las cosas, de las personas y del sexo fruto del amor.

En los medios de comunicación, en los foros de opinión y en la enseñanza —especialmente en la pública—, se identifica educación sexual o educación de la sexualidad con la información sobre el «origen de la vida» o con la educación de la afectividad: si se sigue esta hoja de ruta se acaba en una serie de visiones reductivas de la mujer y del hombre, y de la persona en su dignidad.

Como a la mujer y al hombre —en todas las etapas de su vida, desde la infancia hasta la muerte natural—, le corresponde buscar la verdad allí donde esté —la verdad no se posee de antemano, se conquista—, quizá sea conveniente reflexionar sobre algunos aspectos fundamentales:

  1. la fisiología y la psicología humana —no somos pura biología—, y el comportamiento humano relacionado con el origen de la vida, constituyen toda una «información» y debe darse en su momento y lugar oportuno ( corresponde a los padres y el Estado sólo desempeña un papel subsidiario), no al arbitrio de una «educación para la ciudadanía» con claros objetivos totalitarios para conseguir «un pensamiento único y fácilmente manejable».
  2. nacemos con un sexo —hombre o mujer— y a lo largo de nuestra vida necesitamos modelos de padre y de madre para desarrollar nuestra afectividad de acuerdo con nuestra psicología y los ingredientes de nuestro temperamento, paso previo para adquirir un carácter maduro.
  3. educar la afectividad no consiste en practicar el sexo, sino orientar, trascender y aprender a gobernar el corazón para que no sea egoísta y sí solidario, en el matrimonio y en la amistad.
  4. la cultura del amor —en todas y cada una de las circunstancias en las que vivamos—, se llama integrar en un solo pack la capacidad de razonar cada vez mejor, la voluntad al servicio de esa inteligencia verdadera, y el corazón —como si de un suavizante se tratase-, para conseguir ser muy humanos, respetuosos y abiertos a la diferencia y a la diversidad. Lo que importan son las personas, no sólo el sexo, y cuando sea así, la convivencia será más pacífica, más ciudadana y más real.

La pornografía, la prostitución, la pedofília, o el erotismo —entre otras aberraciones—, alteran la manera con la que las personas debemos tratarnos dentro de una amable convivencia, y anulan el aspecto más humano de la personalidad, llamado «aprendizaje del verdadero amor», ése por el que merece la pena vivir.

Marosa Montañés Duato - 2007-04-

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William Thackeray (1811-1863)

Es mejor amar sabiamente, sin duda; pero amar tontamente es mejor que no ser capaz de amar en absoluto.

Esta vida es la guardería infantil del alma, su lugar de entrenamiento para los destinos de la eternidad.

Humor: Su esencia es el amor; se emite no en la risa, sino en tranquilas sonrisas, que se encuentran mucho más profundas.

Madre es el nombre para Dios en los labios y corazones de los niños.

Ningún hombre que haya reído alguna vez sincera y totalmente puede ser del todo depravado.

Próxima a la excelencia se encuentra la apreciación de ella.

Margaret Thatcher (1925)

La inflación es la madre del paro, y la ladrona invisible de los que han ahorrado.

No digas mentiras deliberadas; pero algunas veces tienes que ser evasivo.

No puede haber libertad sin que haya libertad económica.

Si tu única oportunidad es ser igual, entonces no es igualdad.

John St. Clair Thomas

Para aquellos que creen, ninguna prueba es necesaria. Para aquellos que no creen, ninguna prueba es posible.

Thucydides (A.C. 460-400)

El secreto de la Felicidad es la Libertad, y el secreto de la Libertad, el Valor.

La paz es un armisticio en una guerra que ocurre continuamente.

James G. Thurber (1894-1961)

El humor es el caos emocional recordado en tranquilidad.

El humor es la contemplación de lo finito desde el punto de vista de lo infinito.

Es mejor realizar algunas de las preguntas que conocer todas las respuestas.

Tibullus (A.C. 49-19)

En la soledad, sé una multitud para ti mismo.

Henrik Tikkanen

No se puede alcanzar una locura verdaderamente grande sin una significativa inteligencia.

Paul Tillich, historiador y teólogo Alemán

La duda no es lo opuesto a la fe; es un elemento de la fe.

John Tillotson (1630-1694)

El hombre codicioso amontona las riquezas, no para disfrutarlas, sino para tenerlas.

Alexis De Tocqueville (1805-1859)

El hombre que busca la libertad por cualquier cosa menos por la libertad en sí, está hecho para ser esclavo.

Mike Todd

Nunca he sido pobre, sólo he estado en quiebra. Ser pobre es un estado de ánimo.

J. R. Tolkien

Ser un duende es pensar como tal.

H. M. Tomlinson

Vemos las cosas, no como son, sino como somos.

Toynbee

La civilización es un movimiento, no una condición; es un viaje, no un puerto.

Arzobispo Richard Trench (1807-1886)

La gramática es la lógica del habla, así como la lógica es la gramática de la razón.

H.R. Trevor-Roper

La función del genio no es dar respuestas nuevas, sino plantear nuevas preguntas que puedan ser resueltas por el tiempo y la mediocridad.

Pierre Elliot Trudeau

Pitágoras es un hombre del pasado, pero dos más dos siguen siendo cuatro.

Edward P. Tryon

En respuesta a la pregunta de por qué sucedió, ofrezco la modesta propuesta de que nuestro Universo es simplemente una de esas cosas que suceden de vez en cuando.

Tsiolkovsky

La Tierra es la cuna de la humanidad, pero uno no puede vivir en la cuna para siempre.

Tuckerman (1813-1871)

El alma, por un instinto más fuerte que la razón, siempre asocia la belleza con la verdad.

Tupper (1810-1889)

El quien no se cansa, cansa a la adversidad.

Es seguro que se hace oscuro si cierras tus ojos.

John Tyndall (1820-1893)

La superstición es una religión que ha crecido incongruente con la inteligencia.

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¿No es cada vez más evidente que todos los pueblos de la tierra se hallan en situación de interdependencia mutua en campo económico, político y cultural? Quien pretendiera liberarse de esta solidaridad no tardaría en pagar las consecuencias.

Finalmente, el verdadero diálogo es la búsqueda del bien por medios pacíficos; es voluntad obstinada de recurrir a todas las fórmulas posibles de negociación, de mediación, de arbitraje, esforzándose siempre para que los factores de acercamiento prevalezcan sobre los de división y de odio. Es un reconocimiento de la dignidad inalienable del hombre. Tal diálogo se fundamenta en el respeto a la vida humana. Es una apuesta en favor de la sociabilidad de los hombres, de su vocación a caminar juntos de manera estable, mediante un encuentro convergente de inteligencias, voluntades y corazones hacia el objetivo que les ha fijado el Creador: el de hacer la tierra verdaderamente habitable para todos y digna de todos. La creación es bella.

Es vuestra visita la que nos honora y agradecemos.

Quepa claro: "hablamos no solo para comunicarnos, sino para distinguirnos". Por lo mismo, nos vestimos no solo para evitar el frío, sino para reafirmar nuestra personalidad. Publicamos porque creemos en la verdad y solo ella nos hace libres.

Pedimos disculpas por los errores que tantas veces cometemos. No son por mala voluntad, ni por ignorancia, sino por no saber. No está mal recordar que una cosa es la ignorancia (= no saber lo que a uno no se le alcanza) y la nescencia (= no saber lo que uno debería saber).

Dice un bello espiritual negro: ‘You can have all this world, but give me Jesus’ (‘puedes tener el mundo entero, pero dame a Jesús’).

Jesús misericordia : Kyrie eleison. Christe eleison. Kyrie eleison.

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¿Por qué repetimos y recomendamos algunos libros? - No responde esta habitual insistencia a ningún imperativo ni legal, ni moral, ni de compromiso alguno. El único compromiso es el del servicio a la conformación de una cultura católica que hoy es más necesaria que nunca.

Recomendamos vivamente:

1º Título: ‘La inmortalidad del alma humana’ – autor: Antonio Millán-Puelles Editorial Rialp - Madrid 2008 - 204 páginas

2º Título: ‘LAS MUJERES Y JESÚS’

Henry Froment-Meurice - Monte Carmelo - Burgos 2007 - 172 páginas

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Recomendaciones para conocer y saber defenderse frente a la ignorancia o ataque de las sectas:

Para dar razón de nuestra Esperanza, sepa defender su Fe, por P. Paulo Dierckx y P. Miguel Jordá: Libro de apologética católica muy recomendable y en formato word.

Verdades de la fe católica, por Guido Adolfo Rojas Zamorano: Libro de apologética católica muy recomendable y en formato word.

Verdades de la fe católica II, por Guido Adolfo Rojas Zamorano: Segundo libro de apologética católica muy recomendable y en formato word.

Catecismo de la Iglesia Católica (doc): Catecismo oficial de nuestra santa Iglesia en formato .doc (Word para Windows)

Catecismo de la Iglesia Católica (lit): Catecismo oficial de nuestra santa Iglesia en formato Microsoft Reader (Para Pocket PC y Palms)

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Las ilustraciones que adornan un expuesto, no son obligatoriamente alusivas al texto. Estando ya públicas en la red virtual, las miramos con todo respeto y sin menoscabo debido al ‘honor y buena reputación de las personas’. De allí, hayamos acatado el derecho a la intimidad, a la dignidad-mérito-honra-respetabilidad-pundonor, a la propia imagen y a la protección de datos. Tomadas de Internet, las estampas, grabados o dibujos que adornan o documentan este sitio web ‘CDV’, no corresponden ‘necesaria e ineludiblemente’ al tema presentado; sino que tienen por finalidad –a través del arte- hacer agradable la presentación. Tributamos homenaje de sumisión y respeto a todas las personas, particularmente cuyas imágenes aparecen publicadas, gracias.-

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Debido a la existencia de páginas excelentes sobre apologética y formación, lo que se pretende desde ‘CDV’ es contribuir muy modestamente, y sumarse a los que ya se interesan por el Evangelio de Cristo de manera mucho más eficaz. ‘CDV’ Gracias.-

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jueves 11 de marzo de 2010

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